Vientos de inversión en el puerto bahiense: Milei y Santilli caminan la tierra productiva con la mirada en el RIGI
En el sudoeste bonaerense, donde el mar se cruza con el cereal y la petroquímica, la llegada del Presidente junto a su jefe de Gabinete reaviva el debate sobre la infraestructura, el empleo regional y las cosechas de futuro que necesita la provincia

Quien ha recorrido la provincia de Buenos Aires sabe que Bahía Blanca no es una ciudad cualquiera. Es el gran embudo por donde respira el interior productivo, donde el mar recibe el grano de los campos y el gas que viene desde el sur. Este viernes 18 de agosto, el polvo del sudoeste se levantará con el aterrizaje del presidente Javier Milei y su jefe de Gabinete, Diego Santilli. Como en una bisagra del campeonato donde no se puede pifiar el pase, la política nacional vuelve a pisar el suelo donde el campo y la industria se miran de frente.
Hacía tiempo que los vecinos del sudoeste no veían andar la comitiva presidencial por sus calles, exactamente desde aquellas lluvias bravas de marzo de 2025 que dejaron huella en el territorio. Esta vez el motivo tiene olor a obra y metal. La comitaria desembarca para observar de cerca el proyecto que la empresa Mega presentó al amparo del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. La alianza de YPF con la estadounidense Dow y la brasileña Petrobras pone sobre la mesa una ficha fuerte de 360 millones de dólares para agrandar la casa.
Las 80 hectáreas donde se levantará el nuevo complejo en el área portuaria prometen transformar el paisaje industrial bahiense hacia fines de 2029. Quienes peinan canas en el puerto recuerdan cuando esas tierras eran solo un proyecto distante; hoy se habla de dos líneas de producción capaces de entregar 2,1 millones de toneladas de urea granulada al año. En una tierra que conoce de sequías y esfuerzos, la promesa de una planta desalinizadora propia para no agotar las napa del lugar suena a respeto por el agua.
Para la gente de la zona, el número que verdaderamente cuenta no es el de los millones, sino el de los brazos que van a hacer falta para mover la tierra. El proyecto prevé abrir la cancha para unos 800 puestos de trabajo entre técnicos, obreros y transportistas del pago. El trabajo en el interior tiene esa virtud antigua: cuando la fábrica enciende la chimenea, la panadería del barrio y el taller de la esquina también empiezan a jugar su partido.
La llegada de Milei junto a Santilli a un municipio que conduce el peronista Federico Susbielles deja entrever las cartas que se van a jugar en el mapa bonaerense de los años por venir. Salir del ruido de la capital y meter los pies en el barro del interior productivo siempre fue la forma más sabia de tomar el pulso a la provincia. En el campo se sabe bien que para cosechar a tiempo primero hay que saber caminar el surco cuando el sol pica fuerte.
Así como en las tardes de verano la brisa del Atlántico alivia el calor de los galpones bahienses, la política busca su propio cauce en esta esquina estratégica de Buenos Aires. La producción de etano, butano y gasolinas productivas alimentará los barcos que saldrán por el estuario buscando otros puertos del mundo. Al final del día, la tierra bonaerense demanda siempre lo mismo: certezas para trabajar, respeto por el tiempo largo y reglas claras para seguir sembrando.

