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El pulso del Mundial: el peso de la experiencia y la calma necesaria para sembrar el futuro en cuartos de final

La vieja guardia del fútbol mira de reojo el mapa de América del Norte. Entre sorpresas lógicas, una Bélgica templada que domesticó los caprichos del poder y una Selección Argentina que mete mano en el arado justo a tiempo, los octavos de final llegan a su fin. Crónica de una jornada de tregua y sudor en las canchas del norte.

Hay una verdad vieja como el viento que cruza las hectáreas de nuestra pampa: los partidos no se ganan en los despachos ni con declaraciones altisonantes, sino cuando la pelota rueda en el pasto y los pingos se ven en la cancha. Este Mundial de 2026, repartido en las inmensidades norteamericanas, va desgranando su trigo y ya nos deja seis clasificados para la ronda de cuartos. Como en una buena cosecha, la constancia de los de siempre empieza a dar sus frutos legítimos. Francia, Marruecos, España, Noruega e Inglaterra ya miran el horizonte con la tranquilidad del deber cumplido.

La jornada que pasó nos dejó el triunfo sólido de Marruecos por 3-0 ante una Canadá que sintió el rigor de la inexperiencia, y el andar cansino pero efectivo de Francia, que maduró su partido frente a Paraguay para ganarle por la mínima. En otros rincones del territorio americano, Noruega dio la nota al voltearle el partido a Brasil por 2-1, demostrando que la disciplina europea a veces pesa más que el lirismo. Inglaterra, sufriendo más de la cuenta, se sacó de encima a México con un 3-2 vibrante y España despachó a Portugal con la justeza de un penal bien pateado.

Mención aparte merece lo que sucedió con los muchachos de Bélgica, que le ganaron 4-1 a los locales de Estados Unidos en un partido que venía bastante embarrado desde la previa. Resulta que desde las oficinas del poder, por un capricho explícito del mismísimo Donald Trump, le habilitaron a los norteamericanos un jugador que arrastraba una expulsión legítima. Pero el fútbol, amigo, tiene esa nobleza criolla: podés acomodar las cartas en el mazo, pero en la cancha son once contra once y los belgas terminaron ganando con la holgura de un equipo que sabe jugar bajo presión. La prepotencia del poder político chocó de frente contra la realidad de un vestuario unido.

Mirando hacia lo que viene en esta llanura deportiva, los cruces de cuartos ya están pintados en la pizarra y prometen ser batallas tácticas de largo aliento. El próximo jueves 9 de julio, cuando el sol empiece a caer, Francia y Marruecos abrirán el fuego en el Gillette Stadium. Al día siguiente, la sólida España medirá sus fuerzas contra la templada Bélgica en California. El sábado se vendrá un duelo de hacha y tiza entre los ingleses y los muchachos de Noruega. Tres partidos que invitan a sentarse frente al televisor con un buen amargo y la paciencia del hombre de campo.

El último casillero de este tablero grande se empieza a sembrar hoy mismo, martes 7 de julio, y el corazón nos late de otra manera. Nuestra Selección Argentina se mide contra el siempre rocoso Egipto en el imponente Atlanta Stadium a partir de las 13:00 de nuestro país. No va a ser una tarde sencilla, porque los equipos africanos son como esos inviernos duros que te exigen estar bien abrigado y no cometer errores en el manejo de los animales. A segunda hora, Colombia y Suiza jugarán en el césped de Vancouver para definir el rival de nuestra llave.

Pensando en ese compromiso crucial, el director técnico Lionel Scaloni decidió barajar y dar de nuevo en la formación del equipo, demostrando la lucidez de quien sabe cambiar el rumbo del tractor cuando el terreno se pone pesado. Tres cambios de raíz asoman en el horizonte albiceleste para darle más consistencia al andamiaje colectivo. Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes y Julián Álvarez se calzarán las botas de titulares para este duelo decisivo. Salen del pasto Cristian Medina, Thiago Almada y Lautaro Martínez, quienes esperarán su turno en el banco de relevos.

La vuelta de Tagliafico busca el oficio de esos defensores que cierran la tranquera y no dejan pasar ni el viento en partidos donde no hay mañana. Paredes, en el medio de la cancha, será el encargado de manejar los hilos y distribuir el juego con la pausa justa, como quien maneja los tiempos de la siembra. Y arriba, la frescura de Julián Álvarez aportará el despliegue necesario para desgastar a los centrales egipcios y acompañar al capitán Lionel Messi en la búsqueda del gol. Argentina sale a la cancha a defender la corona mundial con el temple de los campeones.

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