Política

El recambio en Salud: cuando la urgencia del asfalto choca con las cuentas pendientes de un sistema previsional en crisis

La renuncia de Guido Giana al viceministerio expone las tensiones de una estructura sanitaria exhausta. Con la llegada de Rodrigo Sbarra al cargo, el Gobierno busca capear una tormenta de deudas y reclamos de prestadores que golpea con fuerza a las clínicas de las provincias y del interior bonaerense.

En las cosas de la administración pública, como en las tareas del campo, los hilos suelen tensarse hasta que la soga se corta por el lado más delgado. La renuncia de Guido Giana a su puesto como viceministro de Salud de la Nación no es más que el reflejo de un temporal que se venía armando en el horizonte y que terminó por descargar su fuerza sobre los despachos oficiales. El hombre, que venía del riñón técnico del Sanatorio Güemes y contaba con el visto bueno del ministro Mario Lugones, prefirió dar un paso al costado antes de que las inundaciones del Pami terminaran por anegar su propia gestión. La crisis de la obra social de los jubilados se ha transformado en una cosechadora que arrasa con los funcionarios de turno.

El problema no es nuevo, pero los números actuales asustan a cualquiera que tenga la responsabilidad de firmar los cheques. Las cámaras que nuclean a las clínicas del territorio bonaerense y de las distintas provincias del interior vienen advirtiendo sobre un retraso del 102% en los valores que paga el organismo por las prestaciones médicas. Es una situación insostenible, parecida a querer sembrar con el gasoil a precio de oro y pretender vender el grano al valor de hace tres temporadas. Muchos sanatorios de comunidad ya se han presentado ante la Justicia para desengancharse del sistema antes de irse a la quiebra definitiva.

A Giana le tocó bailar con la más fea, como suele decirse en los bailes de pueblo. Aunque formalmente el Pami no dependía de su lapicera, sus antecedentes en el organismo durante la gestión anterior lo convirtieron en el mediador obligado ante los prestadores. Pero el oxígeno se termina cuando las soluciones no aparecen y los parches de mayo resultaron ser apenas una llovizna fina en medio de una sequía prolongada. Los farmacéuticos y los odontólogos ya venían mostrando los dientes con paros y protestas por la falta de pago oportuno.

El relevo en el puesto ya tiene nombre propio, y se trata de Rodrigo Sbarra, un hombre que conoce los pasillos de la política porteña pero que deberá revalidar credenciales en este terreno arado y espinoso. Sbarra, que viene de ser el segundo de Giana, acarrea sobre sus espaldas el recuerdo de aquel viejo episodio en el ministerio de Pancho Cabrera, donde apareció un sobre con diez mil dólares en su escritorio que el funcionario atribuyó a una mala jugada de sus adversarios. El nuevo viceministro asume con la urgencia de desactivar un paro nacional de prestadores que se está gestando para los próximos días.

La salida de Giana se dio en buenos términos y en el sector ya se comenta que pegará la vuelta para sus pagos conocidos en el Sanatorio Güemes, donde las aguas bajan un poco más tranquilas. Mientras tanto, en los pueblos y ciudades de nuestra provincia, los abuelos miran de reojo las noticias con la preocupación lógica de quien sabe que la salud no puede esperar a que se acomoden las cuentas de la economía nacional. El sistema sanitario necesita encontrar un equilibrio justo antes de que el invierno de los números termine por congelar la atención médica. Será tarea de Sbarra demostrar si tiene el pulso firme para enderezar el carro en medio del barro.

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