El rodar de la pelota que no se detiene: la segunda fecha del Clausura y el pulso que recorre el país
Entre la rutina del trabajo, la calma de los pueblos y el invierno que aprieta, el calendario del fútbol vuelve a mover la aguja en las canchas de la capital y del interior profundo.

Hay tardes en las que el frío del invierno se siente más en las patas que en las manos, de esas en las que uno mira el campo y piensa que un buen mate es el único refugio posible. Sin embargo, el calendario no pide permiso ni sabe de pausas, y cuando la pelota empieza a rodar en el césped la rutina de la semana parece acomodarse de otra manera. Este martes arranca nomás la segunda fecha del Torneo Clausura, esa instancia donde los equipos todavía se están acomodando en la cancha, buscando el pie justo, como el caballo que recién sale a la pista tras el descanso.
El fútbol tiene esa virtud de recorrer la patria de punta a punta, enlazando realidades muy distintas bajo una misma pasión. Desde la calma de Junín hasta el movimiento incesante de la gran capital, el país futbolero se dispone a escuchar la radio o ver la tele, esperando a ver si la suerte esta vez se viste de local o de visitante. A primera hora de la tarde, Banfield se mide con Sarmiento de Junín, dos que necesitan sacarse la espina del debut porque arrancar perdiendo es como regalar un penal en los primeros cinco minutos de partido.
A esa misma hora, en el bajo flores porteño, San Lorenzo intenta enderezar el rumbo frente a la visita que llega de Mendoza, Gimnasia de la tierra del buen vino. No es fácil jugar con la presión de la gente cuando las cosas no salen de entrada, pero la experiencia enseña que en esta disciplina nada está dicho hasta que el árbitro pita el final y se apagan las luces de la cancha. Más tarde, allá en Rosario, las cosas suelen ponerse más calientes por el recuerdo fresco de cruces pasados entre Central y Racing, donde la memoria de la tribuna guarda cada detalle como si hubiera pasado ayer nomás.
El mapa federal se va completando con el correr de las horas y los días, trayendo noticias de cada rincón de la provincia y del interior. En Córdoba, en Santiago del Estero y en la costa atlántica de Mar del Plata la gente sigue el ritmo de sus colores con el mismo fervor, ya sea peleando la punta o mirando de reojo la pesada tabla del promedio. Por eso tiene tanto valor el viaje que hace Estudiantes de Río Cuarto hasta La Paternal, sabiendo que en cada pelota trabada se están jugando la permanencia en la categoría máxima.
Las jornadas se irán desgranando entre el miércoles y el jueves, hasta completar una tira de partidos que recién verá su cierre definitivo la semana que viene con la presentación de Boca en su casa. Es un trajín largo que exige temple y serenidad a los planteles, del mismo modo que el agricultor sabe esperar que la tierra rinda su fruto sin apurar los tiempos que manda la naturaleza. Uno que peina canas y ha visto pasar tantos campeonatos sabe muy bien que las carreras largas no las ganan los que arrancan al trote firme en la primera fecha, sino los que saben aguantar el aire cuando el camino se pone empinado.
Así se nos va pasando el tiempo entre partido y partido, con la charla de café en el pueblo o la discusión amigable con el vecino al costado de la tranquera. El fútbol argentino sigue siendo esa excusa perfecta para encontrarnos a hablar de la vida, mientras la pelota rueda por canchas de tierra, de pasto bien cortado o de cemento en cada rincón de nuestra geografía nacional. Habrá que abrigarse bien, poner la pava sobre el fuego y dejar que el campeonato transcurra con su ritmo cansino pero implacable.

