La 228 volvió a abrirse tras el socavón: alivio en la región y una obra que todavía pide tiempo
Después de días de incertidumbre y desvíos obligados, Vialidad Nacional rehabilitó por completo la Ruta 228 en el kilómetro 53, entre Energía y San Cayetano. La reparación trajo alivio a productores, transportistas y vecinos, aunque el tramo sigue en observación y se recomienda circular con precaución.

Hay rutas que, cuando se cortan, no solo frenan el tránsito: frenan la vida cotidiana. Y en el sudeste bonaerense lo saben bien. El socavón que se abrió en el kilómetro 53 de la Ruta 228 —producto del exceso de agua que dejó la última ciclogénesis— partió en dos la conexión entre Necochea, Energía y San Cayetano, dejando a muchos con la sensación de estar jugando un partido sin arquero.
Este viernes, cerca de las cuatro de la tarde, Vialidad Nacional anunció la habilitación total del tránsito. Fue una noticia esperada, casi un gol sobre la hora para una región que depende de ese corredor para mover producción, abastecimiento y hasta cuestiones básicas como llegar al médico.
La reparación, dirigida estrictamente por la Dirección de Vialidad, contó con un aporte clave del municipio de San Cayetano. El responsable del mantenimiento de caminos rurales, Lucio Cinali, lo explicó con la claridad de quien conoce cada metro de tierra: “No pudimos cambiar ni un punto ni una coma del proyecto, pero aportamos lo necesario para que la obra avance”. Y vaya si avanzó. Hubo tosca, materiales, camiones batea de 30 m³, unidades más chicas y un rodillo compactador vibrador que trabajó codo a codo con la maquinaria nacional.
A las cinco de la tarde, Cinali confirmó que las máquinas municipales ya estaban de regreso en el corralón. Pero también dejó una advertencia de viejo conocedor: el trabajo podría asentarse con el tiempo. “Hoy lo hicieron con asfalto en frío; después lo tendrán que hacer con asfalto en caliente”, señaló. Como quien dice: la pelota entró, pero el partido no terminó.
Del lado de Necochea, Vialidad Nacional también comunicó la normalización del tránsito para todo tipo de vehículos, aunque pidió circular con extrema precaución en la zona del kilómetro 53. El tramo sigue en obra y cualquier maniobra imprudente puede complicar lo que costó tanto recuperar. Señales viales, indicaciones de obra y velocidad moderada: la receta básica para no volver a foja cero.
El impacto del corte había sido profundo. No solo para el transporte de cargas o los camiones que conectan con Tres Arroyos y Mar del Plata. También para la vida diaria de los vecinos. Cinali lo resumió con ejemplos concretos: personas que no podían llegar a sus consultas médicas, proveedores que no lograban ingresar a las localidades, comercios que veían resentido su abastecimiento. Hasta las verdulerías sufrían la falta de tránsito fluido.
La reapertura total, entonces, no es solo un dato vial: es un alivio social y económico. La alternativa que se venía utilizando servía, pero no alcanzaba. La 228 es la columna vertebral de la zona, y cuando se corta, todo el cuerpo lo siente.
Ahora, con el tránsito restablecido, queda por delante la etapa más silenciosa: la observación, el ajuste fino, el seguimiento técnico. Como en el fútbol, cuando un jugador vuelve de una lesión: puede estar habilitado, pero todavía necesita minutos, cuidado y paciencia.
La región respira un poco más tranquila. La ruta está abierta, el socavón quedó atrás y las máquinas ya descansan. Pero todos saben que el clima no da tregua y que la infraestructura vial, si no se la atiende a tiempo, vuelve a pasar factura. Por ahora, la 228 volvió al juego. Y eso, en estos días, ya es bastante.

