Adorni dio un paso al costado en el Gobierno y prefiere el refugio de los suyos
Las tardecitas de sábado en nuestros pueblos suelen ser tranquilas, pero la política grande de la Capital Federal pateó el tablero de repente.

Manuel Adorni, el hombre que cada mañana le ponía la voz oficial al país, decidió armar las valijas y dejar la Jefatura de Gabinete de la Nación. Se va golpeado, después de noventa días donde los rumores sobre sus cuentas y su patrimonio se volvieron una carga demasiado pesada para seguir caminando la calle con la frente alta.
El anuncio cayó como un balde de agua fría a las seis y media de la tarde, cuando el sol ya empezaba a esconderse. A través de una carta larguísima que terminó con su clásico sello de “Fin”, el funcionario le dijo adiós a Javier Milei. El texto tiene ese sabor amargo de quien siente que la cancha se le inclinó por completo y que el partido, en los medios de comunicación, ya era imposible de remontar para un solo jugador.
Gracias por su confianza Presidente. Ha sido un verdadero honor.
— Manuel Adorni (@madorni) June 27, 2026
Fin. pic.twitter.com/AJyuy6nDOY
En el boliche del pueblo se habla de las cosas que Adorni menciona en su despedida, cosas que parecen de película para los que vivimos al ritmo del interior. El exministro se encargó de negar con fuerza los comentarios sobre mansiones coloniales, autos de lujo y esos extraños inventos de las granjas de criptomonedas. Dice que le inventaron un pen drive lleno de billetes norteamericanos y que se metieron en su vida privada como quien espía por la hendija de una persiana ajena.
La gota que realsó el vaso, según cuentan los pasillos oficiales, fue aquel viaje que el hombre hizo con su señora Betina Angeletti a Nueva York. Ahí empezaron a lloverle las denuncias por supuesto enriquecimiento ilícito y el ambiente se puso espeso, como tarde de tormenta en el campo. Adorni explicó en su misiva que ya no podía mirar a los ojos a su mujer, a sus hijos y a sus vecinos, sabiendo que los arrastraba a una carnicería que no buscaron.
Como pasa en los clubes de barrio cuando el director técnico decide dar un paso al costado, los compañeros salen a bancar la parada. Karina Milei, la hermana del Presidente y mano derecha de la escudería libertaria, tardó apenas unos minutos en poner el pecho públicamente por su amigo saliente. Sostuvo que el Gobierno comprende el momento tan difícil e inmerecido que le tocó sufrir a la familia Adorni por defender las ideas de la libertad.
Ahora queda la incertidumbre de ver quién se pone la camiseta número diez para coordinar los ministerios en este momento tan delicado. Las provincias y los municipios chicos miran de reojo la Casa Rosada, esperando que el nuevo jefe de Gabinete tenga oído para las necesidades de tierra adentro. Adorni se vuelve a su casa a cuidar los suyos, dejando un vacío grande en el corazón de un Gobierno que hoy asimiló un impacto durísimo en su estructura.

