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Venezuela y el dolor por la tierra que tiembla: la misión humanitaria argentina busca llevar alivio tras el sismo

El canciller Pablo Quirno confirmó el envío de asistencia diplomática al Caribe. Hay seis compatriotas fallecidos y familias enteras incomunicadas. En momentos donde el suelo se quiebra como rastrojo seco, el consulado trabaja sin pausa en el auxilio social y la reconstrucción de paraderos en el territorio.

Quienes pasamos la vida observando los ciclos de la naturaleza sabemos que la tierra, por lo general noble y generosa para el que la trabaja, a veces exhibe una fuerza implacable que nos recuerda nuestra propia pequeñez. Esta vez el golpe llegó desde el norte, desde el Caribe, donde un doble terremoto sacudió los cimientos de pueblos hermanos y dejó un tendal de dolor que se siente a la distancia. Las noticias que llegan desde allá hablan de más de mil cuatrocientas almas que perdieron la vida, un número que abruma y que nos hace pensar en la fragilidad de todo lo construido. Ante semejante panorama, la Cancillería de nuestra Nación armó las valijas y mandó un equipo de auxilio el pasado sábado, porque cuando el temporal pega fuerte en la cancha del vecino, no hay tiempo para mirar desde afuera; hay que entrar a jugar el partido de la solidaridad.

El canciller Pablo Quirno dio los detalles de esta misión que busca poner orden en medio del caos y el barro de la tragedia. Los números preliminares, fríos como la escarcha de la madrugada en el campo, nos tocan de cerca a todos los argentinos: se han confirmado seis compatriotas fallecidos en territorio venezolano, una noticia que enluta a familias que un día dejaron estos pagos buscando otros rumbos. Los diplomáticos en el terreno, baqueanos de la burocracia en momentos de crisis, andan rastreando el paradero de otros siete ciudadanos que siguen sin aparecer, una espera angustiante que se parece a esos partidos difíciles donde los minutos finales parecen horas eternas. Por suerte, cuatro paisanos ya fueron encontrados sanos y salvos, llevando un poco de sosiego a sus seres queridos.

El trabajo en el llano caribeño es inmenso y se hace a pie, articulando esfuerzos con la gente de Cáritas Venezuela para llegar a los abuelos que quedaron desamparados, como plantas sin raíz tras el temblor. La delegación consular ya atendió más de doscientas quince solicitudes que llegaron por e-mail y teléfonos celulares, un verdadero hormiguero de pedidos de auxilio de personas que lo perdieron todo. Hay también tres familias con chicos chicos y dos paisanos solos que están en una situación de total desamparo, además de un menor que se encuentra sin la compañía de sus padres, una realidad que estruja el corazón de cualquiera que entienda el valor de la familia. Para colmo de males, un argentino se encuentra internado recuperándose de las heridas sufridas durante el sismo.

Uno ve los informes y comprende que en esas oficinas improvisadas entre los escombros se trabaja con lo que se tiene a mano, firmando documentos de emergencia y permisos de salida para cuatro personas que se quedaron sin papeles para poder cruzar la frontera y volver a empezar. También está prevista una visita a los compatriotas que están detenidos, para constatar que se encuentren bien tras el remezón de la tierra. Desde este rincón del sur, la solidaridad no se hizo esperar: treinta y cuatro llamados de gente común y organizaciones se anotaron para mandar herramientas, ropa y alimentos para paliar el desastre. Mientras tanto, queda habilitado el teléfono de emergencia para seguir tendiendo un puente con el territorio afectado, esperando que amaine la tormenta y la tierra vuelva a la calma necesaria.

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