De la llanura pampeana a los Alpes austríacos: Franco Colapinto calienta motores en la recta corta de Spielberg
Con la templanza de quien conoce los rigores de la tierra y los caminos sinuosos, el joven de Pilar busca repetir sus viejas hazañas de juventud en el Red Bull Ring. El pibe de la provincia de Buenos Aires se mete en la discusión grande del automovilismo mundial sobre un suelo donde el viento y la montaña dictan

Hay pistas que se sienten como esos partidos bravos de visitante, donde la cancha es chica, la tribuna te respira en la nuca y no te podés equivocar ni en un pase corto. Así es Spielberg, un rincón metido allá arriba en las montañas de los Alpes austríacos, donde la velocidad se mide en un suspiro y el asfalto sube y baja como lomada de campo. Hacia allí va Franco Colapinto, el chico de Pilar que se crió bajo los cielos infinitos del territorio bonaerense y hoy anda codeándose con los gigantes del mundo. El circuito de Austria es el tiempo de vuelta más corto de toda la temporada del automovilismo.
Quienes peinamos canas sabemos que la memoria es el mejor mapa cuando se viaja a tierras lejanas. Para este joven bonaerense, el Red Bull Ring no es un suelo desconocido, sino un terreno donde ya sabe lo que es levantar un trofeo y mirar el horizonte desde lo alto. Es como volver a la cancha donde de pibe clavaste un gol al ángulo en las inferiores. Colapinto ya subió al podio en la Fórmula 2 durante 2024 y en la Fórmula 3 en su año de debut. Ese registro en la memoria vale oro cuando las papas queman.
Manejar en ese trazado de Estiria es una tarea de artesanos y baqueanos. El asfalto trepa unos sesenta metros con una inclinación brava en la curva 3, para después dejar caer los autos en una recta larga donde el viento de la montaña se hace sentir en el chasis. En un circuito tan apretado, donde la vuelta se hamaca apenas por encima del minuto, errar el frenado por un centímetro es quedar fuera del juego. Cualquier pequeño error penaliza mucho el tiempo y te deja con las manos vacías en la grilla.
El pibe llega templado tras el paso por Barcelona, una carrera larga y sufrida que tuvo gusto a empate de visitante. Cruzó la bandera a cuadros en el octavo lugar, demostrando que tiene muñeca para aguantar los trapos, aunque el reglamento estricto de los comisarios deportivos le sacó unos segundos del bolsillo por no aflojar bajo la bandera amarilla. Una penalización de diez segundos lo terminó dejando en el décimo escalón de la carrera española. Cosas que pasan en el deporte, lo importante es que el auto responde y sigue sumando.
En los boxes de la escudería Alpine saben bien que no se puede dar ventaja desde el vestuario. El director técnico anda diciendo que el fuerte de ellos está en los domingos, cuando hay que salir a batallar con el overol puesto y recuperar los trapos, pero que todavía les falta esa chispa necesaria para clasificar mejor el sábado. El equipo traerá nuevos elementos técnicos para mejorar el rendimiento del auto en el verano europeo. Promesas de mejoras para que los motores ruan con más fuerza en las próximas fechas del calendario.
Para los que seguimos las transmisiones mateando desde temprano en el quincho o al calor de la cocina en los pueblos del interior, los relojes ya están listos. El viernes a la mañana arranca el rugido de los motores en el viejo continente y la cita final será el domingo bien temprano, justo a la hora en que el sol empieza a calentar las pasturas de nuestro territorio. La carrera final en Estiria comenzará a las diez de la mañana del domingo de nuestro país. Habrá que prender la pantalla y pregonar una buena jornada para el volante de nuestra tierra.

