Política

El adiós de Esteban Bullrich al PRO: cuando la coherencia pesa más que la camiseta en el largo partido de la política

Con una carta serena a Mauricio Macri, el exsenador formalizó su renuncia irrevocable al partido que ayudó a sembrar hace dos décadas. El impacto del 'Adornigate', la mirada puesta en los valores de la tierra adentro y una reflexión profunda sobre los liderazgos que prefieren los resultados inmediatos antes que cuidar las bases de la República.

Hay momentos en la vida del campo en los que uno mira el horizonte y sabe que el clima ha cambiado, que la cosecha no va a dar lo mismo si no se cuida la semilla original. Algo de esa parsimonia del hombre que conoce los tiempos de la tierra se percibe en la carta con la que Esteban Bullrich se despidió del PRO, el partido que fundó hace ya más de veinte años junto a Mauricio Macri. No es una decisión tomada al calor de una derrota o por un cambio de libreto a mitad de partido, sino una maduración interna, un mirar las cosas desde la tribuna del tiempo largo. Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años, escribió el exsenador, abriendo una tranquera que ya no volverá a cerrarse.

El detonante de este portazo silencioso, pero de hondo impacto en el territorio bonaerense, fue la defensa cerrada que la cúpula partidaria hizo de Manuel Adorni tras los escándalos de público conocimiento. Para un hombre criado en el respeto a las instituciones y que caminó la provincia de Buenos Aires hablando de la dignidad y el esfuerzo, este tipo de jugadas se parecen a esos penales mal cobrados que se quieren justificar solo porque benefician al equipo propio. Bullrich entendió que no se puede mirar para otro lado cuando la cancha se inclina en contra de los valores éticos que prometieron defender. La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia, confesó con la honestidad de quien ya no juega por los puntos sino por el honor del apellido.

Quienes peinamos canas y hemos visto pasar tantas cosechas y crisis en nuestra querida provincia conocemos bien el valor de la palabra empeñada en los pueblos del interior. El PRO nació con la promesa de la cercanía, una alternativa para el productor agropecuario y para los vecinos que buscaban una gestión transparente. Sin embargo, el devenir de las alianzas actuales parece haber desdibujado aquel surco inicial. El exministro advierte que la conducción se ha alejado de las bases productivas y de la mística del trabajo que le dio vida al espacio en cada rincón del mapa nacional. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos, describió con el dolor del sembrador que ve malezas en su propio campo.

La dura realidad de su enfermedad ha templado el espíritu de Bullrich, otorgándole una perspectiva que suele faltarle a los que corren detrás de la encuesta del mes. En la política, como en el fútbol o en la siembra fina, el verdadero estratega sabe que no sirve ganar un campeonato si para lograrlo se agota la fertilidad del suelo. El exlegislador, desde su retiro forzado pero con la mente intacta, dejó una lección sobre lo que significa el verdadero ejercicio del poder, ese que no necesita de luces de neón para hacerse escuchar. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo, señaló con la autoridad de quien ha entregado sus mejores años a la función pública.

El impacto territorial de esta renuncia se sentirá con fuerza en las recorridas rurales, donde la figura de Bullrich siempre fue un puente de diálogo sincero con las entidades del agro y los intendentes del interior. Su salida deja al partido ante la necesidad de revisar el manual de juego antes de que comience el próximo torneo electoral. Con la serenidad de quien sabe que cumplió con su deber, se despidió sin estridencias, dejando la pelota en el campo de quienes ahora manejan los hilos de la organización. Los partidos políticos, como las personas, solo perduran cuando tienen el coraje de volver una y otra vez a los principios que les dieron vida, cerró su carta, como un viejo director técnico que da su último consejo antes de retirarse definitivamente.

Volver al botón superior