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Once allanamientos, 16 detenidos y más de 16 kilos de droga: la FPA barrió Córdoba, La Calera y Villa Allende

Tras seis meses de investigación, la Fuerza Policial Antinarcotráfico desarticuló múltiples puntos de venta y secuestró cocaína, marihuana, sustancias de corte, vehículos y dinero. El operativo dejó 16 detenidos y expuso la magnitud del narcomenudeo en el Gran Córdoba.

Hay operativos que parecen un partido largo, de esos que se juegan con paciencia, presión alta y sin regalar un metro. Y lo que hizo la Fuerza Policial Antinarcotráfico en Córdoba, La Calera y Villa Allende fue exactamente eso: seis meses de investigación, once allanamientos simultáneos y un despliegue que terminó con 16 detenidos y más de 16 kilos de droga fuera de circulación. Una jugada colectiva que, en términos futboleros, fue un 4-4-2 bien parado, sin lujos pero con eficacia quirúrgica.

Los procedimientos se realizaron en barrios Sol Naciente, Cooperativa Los Paraísos, Argüello Lourdes, Policial Anexo 16 de Noviembre y Cooperativa Los Eucaliptos, todos en la capital cordobesa. A eso se sumaron tres puntos de venta desactivados en el Gran Córdoba: uno en La Calera y dos en Villa Allende. Un mapa que muestra cómo el narcomenudeo se expande por los bordes urbanos, aprovechando la falta de presencia estatal y la necesidad económica de los barrios.

La FPA entró con grupos operativos, investigadores y la división K-9, que terminó siendo clave para detectar los escondites. El resultado fue contundente: 12 kilos de cocaína, más de 4,5 kilos de marihuana, 32 kilos de sustancia de corte, tussi, una planta de cannabis, ácido sulfúrico, balanzas, licuadoras, una prensa hidráulica, tres autos, dos motos y más de siete millones de pesos en efectivo. Un arsenal que muestra que no se trataba de kioscos improvisados, sino de estructuras con logística, recursos y capacidad de distribución.

Los 16 detenidos —10 hombres y 6 mujeres— quedaron a disposición de la Fiscalía de Lucha contra el Narcotráfico del Tercer Turno, que ordenó el secuestro de todo el material y el traslado de los aprehendidos a sede judicial. Para los fiscales, este tipo de operativos no solo desarticula puntos de venta, sino que permite reconstruir redes más amplias que abastecen a distintos barrios del Gran Córdoba.

Lo interesante es que, detrás de cada allanamiento, hay historias que se repiten: casas humildes convertidas en centros de acopio, familias enteras involucradas, jóvenes usados como “soldaditos”, y una economía paralela que crece donde la formal no llega. Como en el fútbol de potrero, donde cada uno juega donde puede, el narcomenudeo se mete en los huecos que deja el Estado.

La presencia de sustancias de corte en cantidades tan grandes —más de 32 kilos— revela otro dato clave: la droga no solo se vendía, sino que se procesaba y estiraba para multiplicar ganancias. Un negocio que, como un equipo que juega al contragolpe, se mueve rápido, cambia de cancha y se adapta para sobrevivir.

Los autos, las motos y el dinero secuestrado completan la foto de un circuito que funciona con la lógica de cualquier emprendimiento ilegal: movilidad, liquidez y herramientas para sostener la producción. Nada muy distinto a lo que se ve en otras provincias, pero sí un recordatorio de que el narcomenudeo dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en una economía paralela que disputa territorio.

En los barrios donde se hicieron los allanamientos, los vecinos suelen decir que “se veía venir”, que el movimiento era constante y que la policía tardó, pero llegó. Como cuando un equipo viene jugando mal y el gol en contra es cuestión de tiempo. Esta vez, al menos, el golpe fue del otro lado.

La FPA cerró once puntos de venta, pero todos saben que el partido sigue. Porque cada operativo es apenas un capítulo de una historia más larga, donde el narcotráfico se rearma, cambia de nombres y vuelve a aparecer. Y donde la política, muchas veces, mira para otro lado.

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