River rescató un empate agónico ante Bragantino y llega a la final del Apertura con el ánimo en alto
El Millonario igualó 1-1 en el Monumental por la Copa Sudamericana gracias a un gol sobre la hora del juvenil Lautaro Pereyra. El equipo de Coudet sigue líder del Grupo H y ya piensa en la final del Torneo Apertura ante Belgrano, en Córdoba. Un partido duro, de esos que se juegan como en los viejos tiempos: con dientes apretados y sin margen para el error.

Hay noches en el Monumental que parecen sacadas de otro tiempo, de esas épocas en las que el fútbol se jugaba con más barro que césped y donde cada pelota dividida era una batalla. La de este miércoles tuvo algo de eso. River, que venía con la cabeza partida entre la Copa Sudamericana y la inminente final del Torneo Apertura, terminó rescatando un empate agónico ante Red Bull Bragantino, un equipo brasileño que no vino a pasear y que mostró oficio para complicarle la vida al conjunto de Eduardo Coudet.
El partido arrancó parejo, con River intentando manejar la pelota y Bragantino apostando a un libreto más directo: centros al paraguayo Isidro Pitta, un delantero de los de antes, grandote y molesto, que obliga a los defensores a jugar con el cuerpo firme. En los primeros quince minutos, el Millonario tuvo más la pelota, pero sin profundidad. Los brasileños, en cambio, esperaban su momento como esos equipos que saben que el partido es largo y que el golpe puede llegar en cualquier descuido.
Y así fue. A los 34 minutos del primer tiempo, en una jugada que recordó a esos viejos tiros libres frontales que caían como misiles en el área, Bragantino abrió el marcador. La pelota viajó desde la izquierda del círculo central, cayó en el borde del área y Pitta, con una pausa de potrero, la pinchó para meter un centro al segundo palo. Allí apareció Alix Vinicius, que de cabeza puso el 1-0. Armani quedó sin chances y el Monumental sintió el golpe como un gol en contra en el peor momento del partido.
El entretiempo llegó con River masticando bronca. Coudet, que vive los partidos como si todavía jugara, ajustó piezas y mandó al equipo a buscar el empate con más decisión. El Millonario se volcó al ataque, pero cada avance dejaba espacios atrás y Bragantino amenazaba con liquidarlo de contra. Era un ida y vuelta de los que hacen transpirar hasta al hincha más tranquilo.
Pero River tiene algo que no se negocia: la insistencia. Y esa insistencia tuvo premio en el final, cuando el reloj ya marcaba 48 minutos del complemento. Juan Fernando Quintero, que siempre tiene un pase o un remate escondido en la zurda, sacó un disparo potente desde afuera del área. El arquero Cleiton respondió bien, abajo, pero dejó un rebote corto. Y ahí apareció Lautaro Pereyra, el juvenil que entró para cambiar la historia, para empujar la pelota y para desatar un grito que se escuchó hasta en Udaondo.
El 1-1 fue un desahogo y una señal: River no baja los brazos ni cuando el partido parece perdido. Con este resultado, el equipo de Coudet sigue líder del Grupo H con 11 puntos y cerrará su participación en la fase de grupos recibiendo a Blooming de Bolivia el próximo miércoles. Bragantino, que quedó con 7 unidades, deberá jugarse la clasificación ante Carabobo.
Pero más allá de la tabla, la mirada ya está puesta en Córdoba. El domingo, desde las 15.30, River enfrentará a Belgrano en la final del Torneo Apertura. Será un partido bravo, de esos que se juegan como finales de los 70: con alma, con oficio y con la obligación de no regalar nada. El empate ante Bragantino, más allá del sufrimiento, deja una sensación positiva: el equipo llega con carácter, con reacción y con un juvenil que demostró que está para cosas grandes.
En el Monumental, la noche terminó con aplausos. Y con la certeza de que este River, aun cuando tropieza, siempre encuentra la forma de levantarse.

