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Pequeños retoques al gas antes que la helada corte el pasto: el gobierno cambia la cuenta del combustible que mueve al país

Como cuando el árbitro para la pelota para acomodar la barrera, Energía dispone que las diferencias de precio del gas se liquiden cada dos meses y no dos veces al año. Un repaso sobre cómo pega esto en las casas y en el campo de cara a los días fríos.

Hay cosas en la vida rural que no cambian por más tecnología que le pongan a las camionetas o a las cosechadoras. Cuando afloja la tarde y el sol se esconde atrás de las hileras de eucaliptos, el frío empieza a entrar por las rendijas y no hay poncho que alcance si la casa no está bien abrigada. En la costa, donde el viento del mar pica como si fuera un enjambre de avispas en pleno enero, la garrafa o la red de gas son el corazón de la cocina y el único consuelo para secar los trapos del trabajo diario. Por eso, cuando en la capital tocan una perilla del sistema energético, conviene sentarse a la mesa de la cocina y mirar bien qué es lo que firmaron.

Resulta que la Secretaría de Energía sacó una resolución, la 167 de este año 2026, para cambiar la forma en que nos cobran el gas que llega a los hogares y a las pymes del interior. Hasta ahora, el tema se resolvía dos veces al año, coincidiendo casi con las estaciones del almanaque, como quien hace balance a mitad de campeonato y al final de la temporada. A partir de agosto, las correcciones entre lo que las empresas estiman que vale el gas y lo que realmente le pagan a las petroleras se van a liquidar cada dos meses. Dicho en criollo, en lugar de esperar seis meses para ajustar la cuenta, la libreta del almacenero se va a revisar más seguido para que los números no se vayan por las nubes de un solo golpe.

Para entender el asunto hay que saber cómo funciona la rueda del combustible en nuestra patria. Las distribuidoras compran el gas en la boca de pozo, allá donde la tierra sangra riqueza en el sur o en el norte, y hacen una estimación de lo que va a costar llevarlo hasta los caños de la ciudad. La Ley 24.076 siempre dijo que esas diferencias no deben darle ganancia ni pérdida a la empresa que reparte el servicio. Pero claro, antes el invierno caía con todo su peso, el consumo se disparaba en las casas y el precio del gas subía al mismo tiempo, armando una bola de nieve que recién se saldaba meses después, dejándole a la gente una boleta que parecía una factura de hospital.

El gobierno dice que hacer esto bimestralmente es como ir pagando el viaje en cuotas cortas en lugar de esperar a que la camioneta se quede sin nafta en el medio de la ruta. Es una manera de suavizar los golpes en el bolsillo para que el impacto no sea un hachazo en los meses donde la helada aprieta fuerte. Quienes peinamos canas en este oficio sabemos bien que la previsibilidad vale más que una promesa de primavera adelantada. Si las cuentas vienen con escalones más chicos, la familia del pueblo o el productor que tiene que calentar la paridera o el galpón de pollos pueden organizar un poco mejor los pesos de la caja.

Ahora la pelota está en el terreno del Ente Regulador, que tiene que acomodar los papeles para que en agosto empiece a rodar este nuevo sistema. Habrá que ver con el paso de las semanas si la teoría de los escritorios porteños se traslada con justicia a la realidad de nuestras localidades. Mientras tanto, por las dudas, conviene tener la leña seca al costado de la salamandra, limpiar los mecheros y vigilar las facturas, que el invierno en nuestra provincia no perdona desatenciones.

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