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El Congreso prepara la red para juntar los dólares guardados, mientras la economía del interior sigue mirando el aliso

Tras las vacaciones de invierno, en la capital buscan armar leyes para que aparezcan los billetes de la desconfianza. En el campo y en las ciudades del interior, el productor sabe que la tranquilidad no se arregla solo con firmar un papel en un despacho.

Hay épocas en la vida de un país donde las discusiones de la capital parecen ir por un carril y las urgencias de la tierra por otro muy distinto. En estos días de frío largo, cuando en las chacras de la provincia el trabajo se hace despacio esperando que afloje la helada, en el Congreso preparan una ley para buscar los dólares guardados. Dicen los que estudian los números que hay cerca de 170.000 millones de billetes verdes enterrados o guardados debajo del colchón. Es una montaña de plata que no camina, parecida a esa hacienda que se queda parada junto al alambrado sin encontrar buen pasto para engordar.

El asunto es que en la Cámara de Diputados los legisladores del oficialismo tienen que salir a juntar los votos como el baquiano que junta la tropilla al alboroto de la mañana. La Libertad Avanza tiene 95 bancas y le faltan 34 voluntades para llegar a las 129 que abren la tranquera del recinto. Dirigentes como Martín Menem y la gente de las comisiones andan conversando con los bloques del interior, buscando convencer a los diputados de las provincias productivas para que acompañen el proyecto antes de que termine agosto.

La propuesta que llevan bajo el brazo pretende aflojar los controles del organismo de recaudación para que la gente no tenga miedo de mostrar lo que tiene guardado. Plantean subirse el margen de duda del 15 al 30 por ciento antes de que los inspectores salgan a pedir explicaciones sobre los bienes y los ingresos. Es una forma de aflojar la rienda a los contribuyentes, permitiendo que entren al régimen simplificado sin tantas vueltas ni papeles que solo sirven para complicarle la existencia al que quiere trabajar tranquilo.

Pero claro, en la política como en la trilla, siempre salta alguna maza que traba la maquinaria si uno no anda con cuidado. Desde la oposición de Unión por la Patria andan pidiendo que los funcionarios públicos no puedan usar estos beneficios para emprolijar sus papeles. El diputado Valdés presentó un proyecto para dejar afuera a los hombres del gobierno, recordando algunos líos recientes donde más de un administrador tuvo que andar arreglando sus declaraciones juradas a la apurada.

Uno que peina canas y ha visto pasar tantas leyes de todos los colores sabe que la confianza de la gente no se compra con un párrafo en el Boletín Oficial. El vecino del interior, ya sea el chacra de la pampa húmeda o el comerciante de la costa que espera la temporada, guarda el peso porque ya se quemó con leche demasiadas veces. Cuando la confianza se rompe en el pueblo, hace falta mucho tiempo de conducta recta para que la gente vuelva a poner los ahorros en el banco sin mirar de reojo.

El debate que se viene para el mes de agosto va a mostrar otra vez el juego de alianzas en la ciudad de Buenos Aires. Habrá que ver si a los bloques provinciales les sirve el convite o si prefieren guardar sus votos para discusiones más cercanas al bolsillo de sus coterráneos. Mientras tanto, en los pueblos y en los campos la vida sigue su marcha pareja, atenta al clima, a la siembra que se viene y al precio de los insumos que no da tregua.

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